martes, 5 de febrero de 2013

pasajes 2


Algo sucedía en el, que le provocaba quitarse siempre -bueno a esa edad-  la ropa de la cintura para abajo, si, así como suena continuamente su madre le regañaba porque se había quitado los pantalones y él contestaba –es que me hacen daño-  recordaba en resumen lo anterior, pero tenía grabado en su cabeza uno de esos instantes.
La casa en la que vivía apenas tenía construida una habitación misma que servía como recamara, comedor y cocina, en aquel entonces eran cinco hermanos, él era el cuarto con tres años y el mayor tenia no más de 10 años, aun con su corta edad tenia impresa aquella imagen de esa época así como se conserva en la memoria un recuerdo reciente.
Habían llegado a instalarse en ese terreno donde su padre construyo aquella única habitación para acomodarse de manera emergente mientras en otra sección del terreno no sabía cuando, pero su padre ya había hecho los cimientos de las otras habitaciones que serían parte de la casa, toda la superficie del terreno incluyendo el interior de la única habitación era de tierra y en esa zona donde se había asentado esa parte de la ciudad el tipo de tierra salitrosa como decían los mayores ese tipo de tierra tiene la particularidad de que difícilmente serviría para sembrar cualquier vegetal. En la parte central del terreno se había instalado el lavadero que se usaba normalmente para lavar ropa aunque su madre también le daba uso para bañar a los más pequeños, al costado del lavadero su padre había colocado un tinaco de esos grandes de 200 litros para almacenar agua, en una de las esquinas se había instalado el váter que luego se enteró que se le conocía más como letrina. La toma del agua potable no tenía instalación como para utilizarla de manera cómoda, para tener acceso a la red su padre cavo una fosa hasta llegar a la manguera de distribución y conecto un trozo de manguera, aunque la cantidad de agua que salía era poca, se utilizó un trozo de madera de una escoba vieja que servía de tapón para no dejarla escapar, entonces cuando se trataba de llenar aquel tinaco era bajar a la fosa y llenar un recipiente luego salir de la fosa y vaciarlo en el tinaco, así hasta llenarlo.
Correteando con sus hermanos escucho el grito de su madre que decía –cabrón ya te volviste a quitar los pantalones- entonces su respuesta fue –es que me hacen daño- era su forma de expresar que le molestaban, el hecho era que en aquel entonces Juan era un niño regordete al que el roce de la ropa entre las piernas le causaban rozaduras, en aquel entonces no sabía si existía ya algún suavizante o no habían los medios económicos para comprarlo, su madre siempre presumió de sus hijos lozanos rubios y de ojos claros aunque algunas cosas cambiaron con el tiempo.

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