martes, 5 de febrero de 2013

pasajes 3


Era una noche donde se habían apagado las luces en aquella única habitación, ya hacía días que el sr. Daniel había llegado a casa con un perra de la raza pastor alemán misma que le habían regalado, le había puesto el nombre de laika cuando se la dieron ya estaba por tener a sus cachorros, todos disfrutaron mucho cuando nacieron al fin las 4 crías, en particular Juan no dejaba de visitar el espacio que le habían preparado como casa a la laika para que tuviera a sus crías, le daba mucha curiosidad ver a los recién nacidos a pesar de la advertencia de sus padres de que no era recomendable hacerlo pues después la madre podía rechazar a los críos, las casas en esa zona de la ciudad eran muy escasas entre casa y casa había varios terrenos totalmente vacíos, aunque había calles perfectamente trazadas daba la impresión de ser un desierto de tan pocas casas, lo que si había eran muchos perros callejeros y bueno casi todos se consideraban callejeros pues no se estilaba tener encerrados a los perros en casa, normalmente el perro de la casa se mantenía fuera de ella y entraba y salía a su antojo, en la época de secas aquello se convertía en un polvorín y si hacia viento fuerte, se formaban remolinos como tornados gigantescos y cuando se cruzaban con alguna casa, más de un vecino salía a buscar sus tejados que se había llevado el viento además de que nada estaba libre del polvo, el padre de Juan previendo aquello había atado piedras muy grandes a cada tronco que sostenía las láminas de asbesto del tejado de aquella única habitación además de colocar otras tantas piedras sobre el tejado aunque a veces era tan fuerte el viento que llegaba a romper alguna lamina.
La época de lluvias acababa con el polvo, pero también traía sus problemas aunque para Juan y sus hermanos eran motivo de inventarse nuevos juegos y sobre todo meterse al agua encharcada en aquellos terrenos fangosos salitrosos donde no había casas que como ya he dicho eran muchos.
Esa noche en particular en días anteriores los días de sol extrañamente habían sido muy calurosos y costaba conciliar el sueño, entre sueños Juan había escuchado ladridos de los perros de la calle como nunca, escucho a su padre levantarse e incluso escucho rezar a su madre, aun no amanecía cuando su padre ya se había levantado. Juan no sabía lo que pasaba y cuando al fin se hizo la luz del día Juan salió de la casa y encontró a su padre que terminaba de cavar un hoyo profundo su padre le grito –¡metete a la casa!- estaba molesto y Juan no sabía por qué se encamino a casa al volver la vista miro como su padre jalaba hacia el hoyo a Laika inerte sin vida, entonces más confundido aun quería preguntarle a su padre que pasaba pero el malestar de su padre era bastante notorio y cuando estaba así era mejor no chistar ni una palabra y obedecer, lo que escucho Juan después aún más le estremeció, los cachorros chillaron por un momento pero uno a uno dejaron de escucharse, cuando el sr Daniel permitió a todos salir de casa el hoyo estaba tapado, pero ya no estaba la Laika y su casa estaba vacía sus cachorros tampoco estaban, Juan no comprendía aquello de que un perro rabioso había estado fuera de casa y aquel era el motivo de haber sacrificado a nuestra perra y sus cachorros… Juan no dijo nada, se encamino al hogar de los cachorros se sentó en el suelo mirando aquello vacío y con el sonido de los chillidos de los cachorros aun en sus oídos, lloro inconsolable y odio a su padre por haberlos matado.

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